16/1/12

Esperando el Bus



Llegué a la gran ciudad…. Esta vez no quise darme el lujo de ir a mi destino final en taxi y por ende, esperé el bus en las afueras del terminal de buses…. Infructuoso proceso, también desesperante y más cuándo se proviene de un pueblo en dónde uno ya se sabe de memoria las rutas y los caminos. Me cansé de esperar bajo el fuerte sol que hacía a esa hora de la tarde. El verraco bus que nunca llegó. En ese momento, esa chispa de “Locura” que me caracteriza me impulsó a salir caminando hacia el lugar dónde me esperaban, en medio de una ciudad bulliciosa y no tan amable como lo puede ser un pequeño pueblo. Ya una vez más calmado, ya habiendo tomado gaseosa para menguar el calor soportado por la caminata, reflexioné al respecto… y más por estos días complejos en dónde ando viajando por la vida alejado de los míos; no alejado de mala manera, sino alejado a conciencia, sabiendo que el caminar por ciertos momentos sólo nos permita estar en esos espacios en los cuales conoceremos verdaderamente a ese ser que realmente somos y entenderemos mucho mejor de que somos capaces frente a los momentos adversos y cuán grande será nuestra resistencia ante las tempestades de la vida que se nos avecinen por nuestro camino.

Por más que siempre queramos enfocarnos (bueno no todos) en salir adelante sin detenernos a mortificarnos porque si o porque no, por más que queramos que siempre fuera así, dicha constancia es difícil de obtener y de mantener- claro está, una vez se haya obtenido - y creo que mucho pasa por el ejemplo que puse al iniciar el escrito. Regularmente esperamos a que nos llegue aquel bus que nos llevará a cruzar las puertas triunfantes del éxito, pero creo - sin ser un tipo exitoso - que esto nos puede dejar dos opciones: 1) Nos quedamos esperando el tan anhelado bus que nos cambiará la vida, y mientras este no llega, ahí en la espera nos quedaremos despotricando de la “Lamentable” vida que nos ha tocado y de que muestra de ello es que estemos ahí como un(a) idiota esperando un bus que incómodamente nos llevará al lugar al que pretendemos llegar. Una vez llega este, estamos tan insolados, confundidos y llenos de ira, que nos cuesta mucho ponernos en “sintonía” con el momento y ya cuándo queremos disfrutar del hecho de que ya no estamos esperando el bus que nos lleva a dónde queremos, justo cuando eso sucede observamos que el bus ya llegó a dónde queríamos y no tuvimos la oportunidad de disfrutar del viaje. Situación que como resultado nos dará que a pesar de haber llegado al lugar que pretendíamos, llegamos y al final, no sabemos porque vamos a celebrar o celebramos a medias, sin darle mucha importancia a lo obtenido, ya que nos la pasamos la mayor parte del viaje furiosos por la(s) situación(es) pasada(s) y no tuvimos la suficiente concentración y porque no decirlo, la suficiente “cordura”, para olvidarnos de la situación pasada y dejar de pleno toda nuestra concentración en el recorrido del bus y disfrutar del mismo independiente de que el paisaje o el entorno que encontremos en el mismo no sea el más espectacular de todos.

Y esa es la opción 1. Ahora bien, vamos con la opción 2). Esta opción puede ser aún peor que la 1. Nos pone en el mismo lugar, en la misma situación, sólo que esta vez, se dan 2 circunstancias. La primera es aquella en la que el bus va tan lleno que por comodidad no decidimos abordarlo y cuándo este vuelva a aparecer con sillas vacías o por lo menos no tan lleno, cuando eso suceda, nos llevará al destino que queremos. Eso sí, llegaremos demasiado tarde. La segunda circunstancia es aquella en la cual esperamos, esperamos y nos cansamos de esperar…. Pero se da la situación de que nuestro bus nunca llega y nos quedamos ahí en la terminal. Quejándonos y preguntándole a la vida o al ser Supremo en el cual crean “Porque ha(n) sido tan injusto(s) y nos ha(n) abandonado”.

Dicha situación me llevo a escribir este post. Me vi en las afueras de la terminal de buses. Sin saber cuál bus me llevaría a mi destino, pregunté por este a una de las tantas personas que se encontraban allí esperando su ruta. Una vez supe cuál era la indicada, esperé, esperé y esperé hasta que ya la espera se me hizo insoportable y a diferencia de la circunstancia 2, de la opción 2, aquí planteada, no quise que se me hiciera tarde y emprendí mi camino a pie. Disfrutando de una buena vista, de un buen ambiente y aprovechando para relajar mi mente. Siempre enfocado en el lugar al cual quería llegar.

Creo – siendo un inexperto de la vida – que el camino y las oportunidades de un éxito personal están siempre ahí. El recorrido que hice, no fue fácil, pues hacía bastante calor, pero en la vida se debe aprender a sacar siempre lo bueno dentro de esas malas situaciones que generalmente son inventadas o pensadas basados en unos estándares de vida obsoletos. Hay que arriesgarnos a enfrentar el camino sin esperar tanto a ese tan anhelado bus. Hay que arriesgarnos, quizá nuestro verdadero placer y éxito personal este en recorrer el mundo a pie y no en bus. Creo que la mayoría de las veces, la solución(es) está(n) ahí, sólo es cuestión de atrevernos a pensar y actuar un poco diferente a lo que indican los Libros de Vida que nunca nadie escribió, pero la sociedad a cada tanto se encarga de parafrasear frases, cuentos y fábulas escritas en estos.

Canción Recomendada: Walk – Foo Fighters



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3 comentarios:

Unknown dijo...

Que buen artículo don heiller! si ve de lo que es capáz cuando anda sobrio? (?)

Eltharion dijo...

Que bien, pero tengo una pregunta... que bus andaba esperando? de esos que maneja la empresa de Dario Serna? (?)

El Poeta Ha Muerto dijo...

Gracias JuanMa Trataré de mantener con esa Sobriedad... jejeje

Nada Eltharion Aunque en la ciudad dónde estuve capaz que me encuentro uno de esos... jejejeje